- No me gustan las locas.
- No debería llamarse matrimonio.
No soy homófoba, no tengo ningún tipo de prejuicio sexual basado en el género, y en cualquier caso, con quien se meta cada uno o una en la cama es asunto de dos (o de tres, o de… vamos, de los que estén participando), pero estoy un poco harta de la “discriminación positiva” que está (bien)sufriendo el colectivo gay.
No quiero que me vendan la moto, no tengo que tratar a Pedro, porque se acuesta con Jose, de mejor manera que a Luis. No. No me da la gana.
La igualdad de derechos y priviligios no es eso.
No me gustan las locas, no soporto ese lado histriónico tan exacerbado, pero al igual que no me gusta la gente que tiene la voz chillona, o a los que dan la mano de forma blanda o decenas de etcéteras. No voy a pedir perdón por eso.
Tampoco tengo necesariamente que estar moderando “mi lenguaje” para no ofender. Y sí, en mi vocabulario, además del término “homosexual” o “gay” existe también el de “marica” “maricón” e incluso “maricona”. Y creo tener la suficiente educación como para usarlos siempre en el contexto adecuado.
Se puede ser “hetero” y ser un hijo de puta. Se puede ser “homo” y serlo también. No es excluyente. No me va alguien a caer mal “por eso”, pero desde luego tampoco me va a caer bien por ello. La homosexualidad es una simple tendencia sexual del ser humano, que en nada condiciona (ni de forma positiva, ni negativa) su capacidad o valía como persona. Pero no lo parece. Se le está dando tanta importancia a la condición sexual que ya hasta se habla de Lobby Gay, pero ¿De qué coño vamos? ¿Se va a hacer también ley de paridad (o porcentual) para LGTB? venga ya… Entiendo la lucha contra la discriminación y la persecución que han sufrido y sufren, pero de ahí a que por ser gays tengan que tener, entre ellos, los mismos principios o análoga ideología, dista un abismo.
No voy a hablar de peras o manzanas, que eso ya lo hizo otra cuyo nombre no quiero recordar, pero sí de mi deseo de que la unión civil (independiente del sexo de los contrayentes) dejara de llamarse matrimonio (tiene tantas estúpidas connotaciones eclesiásticas ese término). Hacia un estado verdaderamente laico, ya!
Por si alguien no me ha entendido, (espero que nadie se dé por agraviado) defiendo que todos somos iguales en deberes y derechos.
Y todos somos todos.
¿Qué opinan ustedes?


