Retorno.

Mucho tiempo ha pasado desde la última vez que escribí aquí. Y una siempre acaba echando de menos los viejos rincones que me cobijaron tantas veces.

Quizá esta apatía sea consecuencia, no sé si directa, del “ateísmo” existencial en el que me hallo sumergida, “ser y no ser nada, y ser sin rumbo cierto…”

Pero no siempre me apetece hablar de fútbol, ni de los abdominales de Cristiano, ni de la última jugarreta de cualquier comité de estos que tanto aprecian al mejor equipo que hubo, hay y habrá.

A veces, sólo a veces, me apetece sentarme, respirar, y dejar que fluyan por mis dedos las palabras, mejor o peor, eso ya lo juzgarán ustedes, hasta lograr que mi tristeza (tristeza de estas de primer mundo, que sé yo que no existe motivo de queja) sea absorbida por este “papel”.

Ha muerto Lou Reed, y no he podido llorarle. O no he querido, que soy así de caprichosa y a mí este músico, con la Velvet o sin ella, no llegó jamás a ocupar ni el más mínimo rinconcito del hueco del corazón resevardo a música, arte y otras formas de expresión.

Y es que, últimamente, la señora muerte ha venido a visitar a gente más próxima, más cercana. Y las lágrimas, como todo lo bueno de esta vida (porque señores, llorar, aunque duela, es bueno, magnífico incluso) se acaba.

Intento prometerme que ésta no será una entrada perdida, aislada, que retomaré este blog para convertirlo en lo que siempre fue, una prolongación de mí. Sin medir, sin cortar, sin censurar.

Les dejo una canción, muy acorde con el lluvioso día, y las ganas de sofá, película y manta. Y abrazo. Tu abrazo. Nunca existió otro, ni lo existirá jamás.

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octubre 29, 2013 · 6:40 pm

Una de cine clásico…

Dicen que para conocer una nación, hay que conocer su historia.

El cine clásico está repleto de pequeñas o grandes joyas, padres, abuelos ya incluso, de las grandes producciones actuales.

Fritz Lang, uno de los mayores maestros del cine negro, rodó, en 1945 este pequeño tesoro, “Perversidad”, logrando a la perfección la imagen de “femme fatale” que tantas actrices han interpretado. Intensa y memorable, de principio a fin.

Aquí la tienen entera, en V.O.S.E

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El alma y conciencia de las noches oscuras.

Este fin de semana, que ha sido tranquilo, y en el que la salida nocturna del sábado se limitó a una cena, y un par de copas rápidas, tuve tiempo de reflexionar sobre la inmensidad del universo. En realidad dudo de haberle dedicado más de un segundo a cualquier cosa, ente o persona que distase más de 1000 Km de mi cama.
Los aires de grandeza, de megalomanía absurda los dejo para otros, que deben tener una vida más pobre, o más rica, que todo depende de cómo se quiera mirar o incluso de cómo se pueda, que elegir, como en cualquier ámbito, no está al alcance de todos.

Los años me han hecho más humana. Y más cruel. Eso también. Y para el que le extrañe, decir que son dos términos absolutamente complementarios. La crueldad suele nacer del dolor, de la herida sangrante que aún supura, y es, en mi caso, hasta irracional, un auténtico mecanismo de defensa, cuyo resorte no depende de mí pulsar.

Me arrepiento de muchas cosas, de otras muchísimas no. De haber sido egoísta cuando no tuve que serlo, y de no haberte dañado más, infinitamente más, cuando pude y debí hacerlo, antes de pasar la última página de un libro, que aunque emocionante, de tan largo, resultó al final tremendamente aburrido, detestable incluso.

Esto no es una declaración de amor, ni de desamor siquiera. No hay un “tú” al que vaya dirigido, hace muchísimas lunas que no tengo amor al que amar, ni por desgracia, parecido; esto es un estado de ánimo que, por mi estabilidad mental, debía, de alguna manera, plasmar, para poderlo leer después y digerirlo.
Son demasiadas las veces que en este blog me he desnudado, como para no darme cuenta de que soy, en un sentido amplio, exhibicionista por naturaleza, pero discreta.
Bienvenidos, de nuevo, a mi mundo.
Si entras, no hagas demasiado ruido.

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Recopilando…

Cómo decíamos ayer… sí, ya sé que ha pasado algo de tiempo, que a este blog le han crecido las hierbas (malas o buenas, no sé), pero una es vaga por la más absoluta de las convicciones, y ha costado arrancarme de nuevo las palabras.

Y eso que la indignación que me caracteriza (nada que ver con el 15M, que una es seria y responsable) continúa, con mayor desgarro emocional, si cabe, ante tanta canallada que se respira ahí fuera.

¿De qué me he perdido escribir desde que me entregué a otros placeres?

De España ganando la Eurocopa. (Que sí, que estaremos haciendo historia, que sí que mucho tiqui-taca, que mucho fútbol envidiado, pero menudo coñazo de partidos que se marcó la Roja, lo próximo, un falso portero, que no portero falso, que por San Iker juro que no es lo mismo, ni parecido)

De los JJOO (infumable el “espectáculo” de clausura)

De la subida del IVA (muy curioso el comportamiento de los simpatizantes socialistas y peperos al respecto, no hay mayor necio que el que no quiere ver que unos subieron los impuestos, y los otros los subieron otra vez)

Del Sr Sánchez Gordillo y de su palestino. Más tendría que decir de esto último, que del alcalde, con infúlas de colaborador de Tele5, de Marinaleda.

De Rajoy, oh, capitán, mi capitán… Este hombre… ¿Qué demonios hace presidiendo un país, en lugar de estar, cohiba en mano, en su sofá, disfrutando (o no) de las tristezas o alegrías de Cristiano Ronaldo? ¿Por qué se flagela y nos tortura así? ¿Qué extraña fuerza le hace seguir ahí?

Del copago farmaceútico, de la pérdida de la tarjeta sanitaria de inmigrantes y parados (que entiendo los fines, pero no los medios, debe haber otras formas, otras maneras…)

De los incendios que convierten, con el paso del tiempo, en urbanizable el suelo que antes era “inviolable”. De la falta de medios, de este país recortado para tener lo que hay que tener para, por ejemplo, apagar los fuegos.

De Urdangarín y su caso, del Rey en Bostwana, de la Infanta en Pedralbes, de Froilán convertido en precoz cazador cazado, de la Reina y sus cuernos oficiales, que presuntamente paga el Estado…

Del escándalo del tupper, señores, seamos serios, si dejan a su hijo en la escuela, con unos macarrones guisados en la fiambrera… ¿Querrán que alguien les vigile al niño, o se le deja solo en una clase? ¿Y qué pretenden, que el servicio extra de guardería les salga gratis?

De Olvido Hormigos, ay, Olvido, qué duro es cumplir años, cómo se nos va la cabeza… Que una, si quiere poner cuernos en un pueblo, tiene que ser, por cojones, discreta. Que luego van los cazurros a gritarte cosas a la puerta, que la gente tiene mucho tiempo libre, y muy mala idea.

Este blog se ha perdido tanto…

Y para ustedes, ¿Cuál ha sido la noticia del verano?

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Aysa la rana.

Existió, hace muchísimos años, una rana real que no pudo jamás convertirse en príncipe.

No encontró quien le diera ese beso que lo hiciera posible.

Aysa, que así se llamaba este anfibio, atendía primorosamente su charca. Y dedicaba a su madre, una bella anciana postrada en una hoja de bromelia, excelentes cuidados. Cazar moscas para dar de comer a quien le dio la vida, no suponía para él ninguna carga. Se divertía buscando los mejores ejemplares para agasajar a su progenitora a cambio tan solo de una caricia.

Aysa tenía amigos, pocos para la vida social que acostumbra a tener una rana. Pero las obligaciones familiares apenas le dejaban una tarde libre a la semana. Sus amigos, que estaban ya llegando a esa edad en la que los anfibios deciden asentar las ancas, se emparejaban, y, de una manera inconsciente, se alejaban.

Desde que tenía uso de razón, él suspiraba por Kyna, un ejemplar adorable, de expresivos ojos, y una piel tan verde, suave, y cálida, que era la envidia de toda la comarca.

Pero era consciente de que poco podía ofrecerle, su vida no era fácil, no había sido un renacuajo de “estanque bien”, sin más preocupación que recorrer el mundo de charca en charca, ni tuvo un padre que pudiera satisfacer las necesidades más básicas de una casa. Por eso quizá nunca se atrevió a decirle nada, y se conformó con ver cómo esa adorable ranita, se iba convirtiendo en la mejor de las ranas.

Así iba pasando la vida de Aysa, entre historias que cada día le contaba su madre, nunca supo de dónde las sacaba, ni cómo podía ser que nunca fueran repetidas, y los quehaceres domésticos que no imaginamos el tiempo que requieren hasta que nos vemos obligados a realizarlos.

Llegó el invierno, un invierno que comenzó tan brusco, que los hechiceros anuros predijeron grandes catástrofes, y el cielo, día tras día, se llenó de lágrimas.

Aysa estaba asustado, sabía que los hechiceros pocas veces se equivocaban, y no tardó ni una luna  en darse cuenta de su desgracia; su madre, de repente, dejó de contar historias, y permanecía callada, con una triste mirada que se perdía mucho más allá de la charca.

Dejó pronto de querer comer lo que con tanto amor su hijo le preparaba, y una mañana, lo miró fijamente, sonrió, cerró los ojos, y dejó que la muerte se la llevara.

No hubo un gran funeral, ni fueron muchas las ranas  que se acercaron a despedir a la anciana dama.

Aysa conoció, a partir de ese momento, qué significaba soledad, y entregar tu vida, en lugar de vivirla como se te antojara.

Pero supo, que si bien nunca podría convertirse ya en príncipe, sí había sido una buena rana. Y que la mirada última de su madre, no había riqueza en el mundo que la pagara.

Ese recuerdo le hizo feliz hasta el final de sus días.

MORALEJA:

El amor, la felicidad, y la plenitud personal no tienen sólo un camino.

¿Están de acuerdo?

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Danzad, malditos.

Hoy, en el trayecto de casa al trabajo, he tropezado con mi amigo Pau, culé de pro, que antes de darme los dos besos de rigor, ya estaba sonriendo: “Canguelo” me ha susurrado mientras me besaba.

¿Quién dijo miedo? El Madrid, por sus méritos, y deméritos ajenos, logró un cómodo colchón de 10 puntos, colchón que procura, principalmente, tranquilidad en caso de, como ha sucedido en estas dos últimas jornadas, la pérdida de 4 puntos en lo que viene a ser un suspiro.

Un toque de atención para el equipo, que lleva, aproximadamente mes y medio, con un bajón en su nivel de juego a tener en cuenta, por quienes tengan que tenerlo en cuenta, preparadores físicos, entrenador… que tomen nota, y procuren ponerle remedio.

No sé hasta dónde entrar en el tema arbitral, Paradas Romero me da pereza, pereza inmensa, y no porque tuviera que ver en el resultado, que no lo tuvo, sino por su pitido casi continuo, por su afán de mostrar más tarjetas que Iturralde (¿aspiran al silbato de oro?), y expulsar, en algún caso, siguiendo Dios sabe qué código “deontológico” personal…

Pero si quiero llegar, y hasta la cocina, a ser posible, a las críticas desmedidas, interesadas, y abyectas, que hacia el Madrid se han vertido por su negativa a comparecer, ninguno de sus representantes, en rueda de prensa.

En la liga BBVA, la comparecencia antes o después de un partido es opcional, no están obligados, como pudiera suceder en Inglaterra, por lo que el equipo blanco no ha infringido ninguna norma.

Acusan entonces, ya que por el punto anterior el camino es corto, de que la institución, como tal, ha faltado el respeto a los aficionados por privarles de la opinón del club sobre todo lo sucedido en el campo, y las novedades que pudieran darse para el partido de este sábado.

Y quienes más hablan, como siempre, son aquellos que más tienen que callar. La prensa deportiva.

Esa prensa deportiva, que calló, como buena puta, cuando el F.C Barcelona (mejor o peor hecho, en eso no quiero entrar) vetó la entrada a sus instalaciones a Intereconomía, un medio menor.

Esa prensa deportiva, que conecta en directo con las ruedas de prensa y que, según quién hable en ellas, respetan y dejan que se escuche, o bajan el volumen, y son ellos los que que se erigen protagonistas con su opinión, ahí, el respeto al aficionado, a su derecho a conocer qué opina el club, no importa. Porque el programa lo hacen ellos, y son ellos los que deciden qué es lo que se debe o no mostrar.

Esa prensa deportiva que hace plantes a segundos entrenadores, porque quieren su ración de bufonadas del actor principal, porque es el actor principal el que llena sus portadas, ya sea por sus palabras, o por la falta de éstas, que bien se encargan ellos de machacar al portugués, cuando éste no ha proporcionado carnaza, y lo que el aficionado sienta, o necesite, les importa poco, nada, o lo siguiente.

Esa prensa deportiva, que se emborracha de poder, y se ahoga, no en la miseria ajena, sino en la suya propia.

No sé si la decisión que ha tomado la institución merengue de no comparecer es correcta o no, pero sí sé quién no tiene ninguna autoridad, de ningún tipo, para hablar por mí, o decirme qué debo pensar.

Esta liga sólo la puede ganar, o perder el Real Madrid, y eso, para mí es lo importante. Volvemos a ser el club de referencia. Moleste, duela, o joda.

¿Qué opinan?

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Carta al amor que no tuve.

Querido amor que no tuve;

Son muchos los años persiguiéndote, no tantas las veces que he creído reconocerte en los rostros que han compartido mi cama, mi casa, mi vida…

La búsqueda no siempre ha sido grata, he dejado en el camino océanos de lágrimas, mías, de otros (no recuerdo ya), de esas, que por muy soleado que sea el día, no son fáciles de evaporar.

He crecido creyendo en ti, alimentando el ansia de aquello que sabes llegará, pero no tienes idea cuándo.

He leído a Byron, a Milton, a Bécquer, a Goethe, hasta hacer mías cada una de sus palabras, he visto cómo miraba mi abuelo a mi abuela y me decía, así, así miraré yo algún día.

Y no es que desespere, es que son ya demasiados mis años, y una se vuelve escéptica, y cínica, y quiere descansar, descanso definitivo del guerrero que dejó de luchar.

No morir de amor, no arder en la intensidad de lo sentido, no enloquecer al tacto, sólo conversasr, pasear, hacer planes, coger de la mano y sonreir.

Eso es lo que queda, que no es más que lo que casi siempre he tenido.

No todos sabemos amar.

No todos sabemos ser amados.

Aceptarlo es, a veces, nuestra más difícil tarea.

Así que amor que nunca tuve, donde estés quédate, ya no vengas, te deseo todo el bien, toda la paz, y toda la felicidad que, por existir,  mereces tener.

Siempre tuya:

Alejandra.

Feliz día de San Valentín a todos lo que han conseguido aquello por lo que lucharon.

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