De la magnitud del odio.

Hablo desde el rencor en muy pocas ocasiones.

No soy persona de guardar inquinas (alguna virtud había de tener), ni de planear venganzas frías, que dicen que es así como se preparan.

Si miro atrás sólo encuentro una, quizá dos, personas a las que odiar, pero un odio tenue, mitigado por las distancias, o por los años, los míos, los que tengo, que hacen que la perspectiva no sea la misma.

La primera, llamémosla M fue una antigua jefa mía… Esquizofrenía tenía, pero yo ignorante de ese hecho, me embarqué con ella en un proyecto profesional que, en teoría, me abriría puertas. Dejó de tomar su medicación, y mi vida (no sólo laboral, soy de llevarme los problemas a casa) se convirtió en un infierno, de sospechas, de acusaciones, de paranoias, de despropósitos tales, que no me quedó otra que salir por piernas, no si antes amenazar con tribunales, jueces, y órdenes para poner distancia entre ambas.

No hubo que llegar a tanto. De allí salí escarmentada, resabiada, como los toros que llevan una y otra vez a las plazas de cualesquiera de los pueblos que estén en fiestas (¿he dicho ya que me parece abominable el trato que se les da a algunos animales?), y aunque sé que estaba enferma, sé que no era responsable del daño, no puedo evitar, cuando me la cruzo por la calle, sentir un odio intenso, que para ser sincera, en el último año, ha dejado de serlo tanto.

El otro rostro que me hace evocar (y digo evocar porque hace un par de años, o más,  que no me lo tropiezo) un sentimiento similar. es el de un chico, N, con el que tuve, hace tiempo, mucho tiempo, algo… Y se portó bien, y yo no. Y fue breve porque yo quise. Y me odió. Y se enfadó. Y le defraudé. Pero ¿qué hacer de un encuentro, tan esperado como desesperanzador? O hay química o no. Y se puede fingir un día, o dos… o una vida entera, pero no, en ese momento no andaba yo para fingimientos, bastante tenía con mi caótica vida. ¿Por qué de mi manía? No sé, quizá le culpé por no ser lo que yo creí que sería.

Y hasta ahí mis perversos sentimientos. Por más que estrujo mi cerebro no encuentro otras fobias, personales, dignas de mención.

Y usted, ¿A quién odia y por qué?

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3 comentarios

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3 Respuestas a “De la magnitud del odio.

  1. Yo odio momentos, situaciones… pero personas, así, odio de verdad, creo que no.

    No creo que sean perversos…

  2. Carlos V

    Soy de la opinión de kade, nunca he odiado a nadie.. igual es pq no he tenido motivos.

  3. Uff, confesaré que recelo de quien dice que nunca ha odiado a nadie, sobre todo cunado lo argumenta. ¿Nunca han sido ustedes machacados por alguien que dice no odiar a nadie? ¿Que no? Pues que suerte tienen. El desapego, esa es la explicación. Quien odia mucho suele querer mucho también. Quien evita ese sentimiento suele tener capacidad para evitarlos todos.

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