Then… nothing happens.

Después de una noche de insomnio, y con el cerebro aún medio dormido, intento, sin demasiado éxito, ordenar adecuadamente las palabras, para que formen un texto aceptable con el que “inaugurar temporada”.

Son dos meses los que este blog lleva hibernando, dos meses que son como dos años, ¿Qué cómo dos años? ¡Como dos siglos! El tiempo es relativo, la distancia es relativa, tu amor es relativo, incluso mis lágrimas lo son.

Ahora he hecho propósito de enmienda. No volver a caer (bucle infinito) en los mismos errores, dar un paso al frente, con la valentía que no me caracteriza y decir: “Márchate, yo me quedo.”

El miedo es la única sensación que supera, o al menos iguala, la intensidad del sexo. Quizá el dolor también, en grado extremo. Santísima Trinidad de los sentidos: miedo, sexo, dolor… Como un filme de Kubrick, con remake de Von Trier, rodado en falso blanco y negro.

Divago, me pierdo, no entiendes, no aceptas, no empatizas, lo sé.

Trato de llegar a ti sin saber, sin tener la más remota idea de cuál es el camino más corto. La línea recta. Mentira. Puede que sí entre puntos. Yo no soy un punto. Tú tampoco.

Me castigo, el cilicio imaginario autoimpuesto aprieta cada vez más mis muslos. Sangre fresca derramada sin ningún miramiento. Sentimiento de culpa, sentimiento cristiano. Lo dijo Nietzsche, y era un tipo sabio,  y loco, luego dos veces sabio.

Termina, ve terminando, a nadie le importa, y hay que ser discreta, y no llorar a los cuatro vientos, ni gritar la rabia contenida de nuestros, cada vez más numerosos, desencuentros.

Me cuesta separar mis manos del teclado, necesito vomitar, pero no puedo, no debo hacerlo. Sin nombres, sin alusiones, sin recuerdos, aséptico, completamente aséptico.

Releo los “quiero y no puedo” que tan desordenadamente he expuesto, y soy consciente de que no es un buen post, que no tendría que publicarlo, y que mi blog, en el futuro, será mucho más neutro.

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1 comentario

Archivado bajo Literatura

Una respuesta a “Then… nothing happens.

  1. Quédate con lo que viviste, atesóralo porque es parte de ti y da un paso sin volver al mismo tablero una y otra vez, avanzando a la siguiente casilla del juego. ¿El mismo? Seguramente no. El amor nunca es igual cuando cambian los jugadores, pero tal vez en la siguiente partida los dados te sean favorables y hagas un pleno 🙂

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