Archivo mensual: diciembre 2011

Lucía y el cuento.

Corría el año 97, una empezaba ya a tranquilizarse de tanto furor universitario, tanta borrachera subvencionada por ser mona y saber sonreir a los camareros, y tantos kilos y kilos de filosofía que entraban sin vaselina, a granel, en una facultad obsoleta, con ínfulas de progresismo, anarquía y libertad, cuando cayó en mis manos un libro: “Amor, curiosidad, dudas y prozac” de una tal Lucía Etxebarría.

Tres años antes, en el instituto, entre mi grupito de amigos, creamos (ficticiamente eso sí) el mayor grupo de fans que Jose Ángel Mañas haya tenido jamás, a raíz de la publicación de su tan conocida novela “Historias del Kronen”.

Ambos eran (no sé ya si lo son) dos libros de excesos, sexistas, en el que el papel del hombre, o de la mujer, adquiere un plano prácticamente invisible, y en cierta manera degradado con respecto al otro.

Idolatramos esas dos novelas, que quizá no estuvieran muy bien escritas (hace al menos una década que no he vuelto a leerlas), pero que condensaban bien las ganas de provocar, de gritar, de querer explorar los límites, que teníamos los que éramos jóvenes en aquella época.

Después, algún año después, leí “Beatriz y los cuerpos celestes”, “Nosotras, que ya no somos como las demás”, “De todo lo visible y lo invisible”, y empecé a admirar a esa mujer, que con apenas 10 años más de los que tenía yo, tan bien sabía reflejar ciertos estados emocionales.

Llegó enseguida “Un milagro en equilibrio”, con el que Lucía ganó el premio Planeta y se consagró como escritora con apenas 37 años.
Dicen que lo difícil no es llegar, es mantenerse, y ella no supo.
La bajada sustancial en la calidad de sus publicaciones, sus ridículas apariciones en televisión, con declaraciones siempre fuera de tono o interés, las primeras demandas que le acusaban de plagio, terminaron por llevar a la valenciana, al mayor de los olvidos mediáticos, y, lo que es más grave (o debería serlo), literarios.
Y ahora reaparece, no sé muy bien dónde, no para pedir perdón por sus infumables últimas obras, no para disculparse por alguna famosa falta ortográfica (hay que tener bemoles), no para lamentar haber “intertextualizado” tanto como para plagiar párrafos enteros de varios autores. No.
Para esto no.
Lo hace para echar la culpa a los internautas que se descargan contenidos, de su enorme, descomunal, venida a menos.
Querida Lucía, reconocer un fracaso es duro, mina el ego y el ánimo, pero no reconocerlo condena el alma.
Déjate de estúdipas guerras.
No escribas más excusas absurdas
Publica, si sabes, si puedes, si recuerdas, algo bueno, y verás que el triunfo quien lo busca y lo trabaja, normalmente lo encuentra.

¿Están de acuerdo?

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De Borbones y bribones.

Llevamos ya varias semanas escuchando día sí, día también, las diferentes filtraciones que se están produciendo sobre las irregularidades, grandes irregularidades, que “presuntamente” cometió el Instituto Noos, con Urdangarín a la cabeza.

Porque en este país, y en teoría, siempre en teoría, se es inocente hasta que se demuestra lo contrario, y el Infante consorte no está ni juzgado, ni tan siquiera imputado (me abstengo de transcribir qué opino al respecto). Pero también en este país somos ricos en refranes populares y traigo, para este post, uno conocido por todos: “La mujer del César no sólo ha de ser honrada, sino también parecerlo”. Amparándome en la sabiduría de quienes resumen en una línea siglos de experiencia, me atrevo moralmente a juzgar a su ilustrísima figura.

Señor Urdangarín, es usted avaricioso, no quiso sólo vivir bien, quiso hacerlo mejor.

Señor Urdangarín, es usted un sinvergüenza, sabía las “responsabilidades” que conlleva, para con el pueblo español, el cargo “decorativo” que desempeña, y poco le ha importado, por decirlo de alguna (buena) manera.

Señor Urdangarín, es usted un necio prepotente, que ha comprado ostentosas mansiones, 8 millones de Euros su palacete condal, llevando un nivel de vida muy por encima de lo que correspondía a su imagen y a la de su familia.

Señor Urdangarín, a la Corona se le sirve, no se hace uso de ella.

Señora Infanta Cristina, es usted (si no queremos pensar mal o regular, o simplemente pensar) cuanto menos boba, y cuanto más, digna mujer de su marido.

Harta estoy de aprovechados, de pirámides sociales en las que no todos gozamos de los mismos derechos, de la soberbia de quienes de forma obscena cuentan millones como quien cuenta un cuento a su hijo para que se duerma.

Deseo (pero no espero) que la justicia actúe de manera precisa, exacta, y con todo el peso de la ley que se merezcan.

P.S.

Capítulo aparte el resto de familia Real “borbónica”, y el encubrimiento de un hecho, por lo visto, leído y escuchado, conocido por ellos de sobra. Bajo mi opinión, gentuza toda.

¿Qué piensan ustedes?

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