Lucía y el cuento.

Corría el año 97, una empezaba ya a tranquilizarse de tanto furor universitario, tanta borrachera subvencionada por ser mona y saber sonreir a los camareros, y tantos kilos y kilos de filosofía que entraban sin vaselina, a granel, en una facultad obsoleta, con ínfulas de progresismo, anarquía y libertad, cuando cayó en mis manos un libro: “Amor, curiosidad, dudas y prozac” de una tal Lucía Etxebarría.

Tres años antes, en el instituto, entre mi grupito de amigos, creamos (ficticiamente eso sí) el mayor grupo de fans que Jose Ángel Mañas haya tenido jamás, a raíz de la publicación de su tan conocida novela “Historias del Kronen”.

Ambos eran (no sé ya si lo son) dos libros de excesos, sexistas, en el que el papel del hombre, o de la mujer, adquiere un plano prácticamente invisible, y en cierta manera degradado con respecto al otro.

Idolatramos esas dos novelas, que quizá no estuvieran muy bien escritas (hace al menos una década que no he vuelto a leerlas), pero que condensaban bien las ganas de provocar, de gritar, de querer explorar los límites, que teníamos los que éramos jóvenes en aquella época.

Después, algún año después, leí “Beatriz y los cuerpos celestes”, “Nosotras, que ya no somos como las demás”, “De todo lo visible y lo invisible”, y empecé a admirar a esa mujer, que con apenas 10 años más de los que tenía yo, tan bien sabía reflejar ciertos estados emocionales.

Llegó enseguida “Un milagro en equilibrio”, con el que Lucía ganó el premio Planeta y se consagró como escritora con apenas 37 años.
Dicen que lo difícil no es llegar, es mantenerse, y ella no supo.
La bajada sustancial en la calidad de sus publicaciones, sus ridículas apariciones en televisión, con declaraciones siempre fuera de tono o interés, las primeras demandas que le acusaban de plagio, terminaron por llevar a la valenciana, al mayor de los olvidos mediáticos, y, lo que es más grave (o debería serlo), literarios.
Y ahora reaparece, no sé muy bien dónde, no para pedir perdón por sus infumables últimas obras, no para disculparse por alguna famosa falta ortográfica (hay que tener bemoles), no para lamentar haber “intertextualizado” tanto como para plagiar párrafos enteros de varios autores. No.
Para esto no.
Lo hace para echar la culpa a los internautas que se descargan contenidos, de su enorme, descomunal, venida a menos.
Querida Lucía, reconocer un fracaso es duro, mina el ego y el ánimo, pero no reconocerlo condena el alma.
Déjate de estúdipas guerras.
No escribas más excusas absurdas
Publica, si sabes, si puedes, si recuerdas, algo bueno, y verás que el triunfo quien lo busca y lo trabaja, normalmente lo encuentra.

¿Están de acuerdo?

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2 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Opinión

2 Respuestas a “Lucía y el cuento.

  1. Iván

    Me identifico mucho con el post. Yo lei las primeras novelas de Lucia con entusiasmo. Creo que es de las escritoras que mejor han sabido conectar con esa confusa tardoadolescencia de hace años. Justo lei las que tú dices. Luego me dejó de interesar cuando el Planeta y no volví a leer nada más. Y parece que sí, que se ha dedicado a ser mediática más que a hacer obras de calidad.

  2. En lugar de reflexionar e intentar mejorar, le echa el muerto al otro. Se nota que es española.

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