Archivo mensual: febrero 2012

Carta al amor que no tuve.

Querido amor que no tuve;

Son muchos los años persiguiéndote, no tantas las veces que he creído reconocerte en los rostros que han compartido mi cama, mi casa, mi vida…

La búsqueda no siempre ha sido grata, he dejado en el camino océanos de lágrimas, mías, de otros (no recuerdo ya), de esas, que por muy soleado que sea el día, no son fáciles de evaporar.

He crecido creyendo en ti, alimentando el ansia de aquello que sabes llegará, pero no tienes idea cuándo.

He leído a Byron, a Milton, a Bécquer, a Goethe, hasta hacer mías cada una de sus palabras, he visto cómo miraba mi abuelo a mi abuela y me decía, así, así miraré yo algún día.

Y no es que desespere, es que son ya demasiados mis años, y una se vuelve escéptica, y cínica, y quiere descansar, descanso definitivo del guerrero que dejó de luchar.

No morir de amor, no arder en la intensidad de lo sentido, no enloquecer al tacto, sólo conversasr, pasear, hacer planes, coger de la mano y sonreir.

Eso es lo que queda, que no es más que lo que casi siempre he tenido.

No todos sabemos amar.

No todos sabemos ser amados.

Aceptarlo es, a veces, nuestra más difícil tarea.

Así que amor que nunca tuve, donde estés quédate, ya no vengas, te deseo todo el bien, toda la paz, y toda la felicidad que, por existir,  mereces tener.

Siempre tuya:

Alejandra.

Feliz día de San Valentín a todos lo que han conseguido aquello por lo que lucharon.

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Palos para todos.

Nos quejamos del sistema viciado que envuelve la democracia de éste, por suerte o desgracia, nuestro país. Nos indignamos con los casos de corrupción, que con cuentagotas, y supongo de manera interesada, van descubriendo jueces “avispados”,  protestamos (más de manera simbólica) por el expolio al que nos someten los que ostentan poderosos cargos (políticos, banqueros, grandes empresarios), pero… ¿Acaso los políticos, los banqueros, los empresarios, no son a semejanza nuestra?

Me gustaría saber cuántos de ustedes, pequeños y medianos empresarios, han declarado menos ventas en un trimestre, para que el IVA no “se les subiera”.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, pequeños y medianos empresarios, han tenido a gente sin nomina en su trabajo.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, pequeños y medianos empresarios, han pagado en B parte de los salarios de sus empleados.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, empleados, se han escaqueado algún día de ir al trabajo, o han prolongado una baja, sabiendo que ya estaban sanos.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, empleados, rinden lo que les exige el contrato.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, han comprado un piso, y declarado su valor real a efectos impositivos.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, no se han colado en el metro, o no han pasado el ticket en el transporte urbano.

Me gustaría saber cuántos de ustedes protestan, si en un establecimiento se equivocan de más en las vueltas.

Me gustaría saber cuántos de ustedes saben o conocen, de algo ilegal en su entorno, y callan haciendo la vista gorda.

Tenemos en las grandes esferas, lo que casi todos son (somos) en las pequeñas. Aprovechados, desconsiderados, pícaros y sinvergüenzas.

Hay excepciones, seguro, y muchas, ¿pero mayoría?

De una sociedad que no es honesta, no se puede esperar una clase política modélica.

Y de no ser honestos, la culpa es únicamente nuestra.

¿Qué opinan?

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La paradoja de Protágoras.

Una de las más antiguas paradojas es la del filósofo sofista Protágoras, quien aceptó a un estudiante sin recursos pero talentoso, (Evatlo), para enseñarle, cobrándole  los honorarios únicamente cuando ganara su primer caso ante los Tribunales. Al acabar sus estudios, Evatlo, no tomó ningún caso legal y Protágoras demandó al estudiante para reclamarle la suma acordada. He aquí los argumentos que ambos alegaron ante el tribunal:

Evatlo: Si yo gano el caso, entonces, por definición, no tengo que pagar. Si pierdo, entonces no habré ganado mi primer caso, y yo no habré contraído la obligación de pagar a Protágoras si no es hasta haber ganado mi primer caso. Así pues, gane o pierda, no tengo que pagar.

Protágoras: Si él pierde el caso, entonces, por definición, tiene que pagarme. Si lo gana, entonces habrá ganado su primer caso, y por tanto tiene que pagarme. En uno u otro caso, tiene que pagarme.

¿Quién tiene razón? ¿Por qué?

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