Archivo mensual: noviembre 2012

El alma y conciencia de las noches oscuras.

Este fin de semana, que ha sido tranquilo, y en el que la salida nocturna del sábado se limitó a una cena, y un par de copas rápidas, tuve tiempo de reflexionar sobre la inmensidad del universo. En realidad dudo de haberle dedicado más de un segundo a cualquier cosa, ente o persona que distase más de 1000 Km de mi cama.
Los aires de grandeza, de megalomanía absurda los dejo para otros, que deben tener una vida más pobre, o más rica, que todo depende de cómo se quiera mirar o incluso de cómo se pueda, que elegir, como en cualquier ámbito, no está al alcance de todos.

Los años me han hecho más humana. Y más cruel. Eso también. Y para el que le extrañe, decir que son dos términos absolutamente complementarios. La crueldad suele nacer del dolor, de la herida sangrante que aún supura, y es, en mi caso, hasta irracional, un auténtico mecanismo de defensa, cuyo resorte no depende de mí pulsar.

Me arrepiento de muchas cosas, de otras muchísimas no. De haber sido egoísta cuando no tuve que serlo, y de no haberte dañado más, infinitamente más, cuando pude y debí hacerlo, antes de pasar la última página de un libro, que aunque emocionante, de tan largo, resultó al final tremendamente aburrido, detestable incluso.

Esto no es una declaración de amor, ni de desamor siquiera. No hay un “tú” al que vaya dirigido, hace muchísimas lunas que no tengo amor al que amar, ni por desgracia, parecido; esto es un estado de ánimo que, por mi estabilidad mental, debía, de alguna manera, plasmar, para poderlo leer después y digerirlo.
Son demasiadas las veces que en este blog me he desnudado, como para no darme cuenta de que soy, en un sentido amplio, exhibicionista por naturaleza, pero discreta.
Bienvenidos, de nuevo, a mi mundo.
Si entras, no hagas demasiado ruido.

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