Archivo de la categoría: Filosofía

La paradoja de Protágoras.

Una de las más antiguas paradojas es la del filósofo sofista Protágoras, quien aceptó a un estudiante sin recursos pero talentoso, (Evatlo), para enseñarle, cobrándole  los honorarios únicamente cuando ganara su primer caso ante los Tribunales. Al acabar sus estudios, Evatlo, no tomó ningún caso legal y Protágoras demandó al estudiante para reclamarle la suma acordada. He aquí los argumentos que ambos alegaron ante el tribunal:

Evatlo: Si yo gano el caso, entonces, por definición, no tengo que pagar. Si pierdo, entonces no habré ganado mi primer caso, y yo no habré contraído la obligación de pagar a Protágoras si no es hasta haber ganado mi primer caso. Así pues, gane o pierda, no tengo que pagar.

Protágoras: Si él pierde el caso, entonces, por definición, tiene que pagarme. Si lo gana, entonces habrá ganado su primer caso, y por tanto tiene que pagarme. En uno u otro caso, tiene que pagarme.

¿Quién tiene razón? ¿Por qué?

7 comentarios

Archivado bajo Filosofía

Paradoja de Russell, ejemplo del barbero.

En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

— En mi pueblo soy el único barbero. No puedo afeitar al barbero de mi pueblo, ¡que soy yo!, ya que si lo hago, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto ¡no debería afeitarme! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces algún barbero debería afeitarme, ¡pero yo soy el único barbero de allí!

El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz.

 

¿Cómo resolverían esta paradoja?

 

 

11 comentarios

Archivado bajo Ciencia, Filosofía

Nietzsche, ¿Por qué somos del Atleti?

Nietzsche sería del Atleti.

¿En serio?

Sí, en serio. Como Alatriste, pero ese es otro tema.

No esperéis el enésimo bombardeo de tópicos. Ese que encontráis a precio de saldo y siempre compráis. El de los ricos y los pobres. El de los pupas. El del señorío y la superioridad moral.

Todo esto es más fácil. Viene de antes.

Al grano. Partamos de la base: Nietzsche y su análisis de la tragedia.  La griega, no hay otra. -Ahora es el momento. Trago largo a lo que esté bebiendo-  Por un lado, la concepción apolínea de la vida. Enfrente, Dionisos. Dos mascaras desde la que mirar y ser mirado.

Apolo es el orden, lo templado, lo racional. Apolo es el Real Madrid, qué coño. El equipo acostumbrado a lo bueno. A la vie en rose, perpetua. Sin sobresaltos. Ritmo de crucero. Sopor. Es la empollona que está buena, viste de marca y lee el Cosmopolitan. Esa que, on the record, nunca te trató mal porque que siempre supo  invertir la carga de la prueba.

Enfrente, Dionisos. Caos, exceso. Lo irracional. El instinto. Es esa chica en cursiva, tipografía femme fatale. Esa que te va a hacer daño y la ves venir. Quieres que venga. El puto escorpión de la fábula. ¿Qué coño es la vida si no vas a cruzar ese río? La sublimación en la ejecución, no en el resultado. En el viaje y no en el destino.

¿Habéis dicho sí alguna vez a un solo placer? Oh amigos míos, entonces dijisteis sí
también a todo dolor. Todas las cosas están encadenadas, trabadas, enamoradas, –
-¿habéis querido en alguna ocasión dos veces una sola vez, habéis dicho en alguna oca-
sión «¡tú me agradas, felicidad! ¡Sus! ¡Instante!»588 ¡Entonces quisisteis que todo vuelva!
– todo de nuevo, todo eterno, todo encadenado, trabado, enamorado, oh, entonces amas-
teis el mundo, –
– vosotros eternos, amadlo eternamente y para siempre: y también al dolor decidle: ¡pa-
sa, pero vuelve! Pues todo placer quiere – ¡eternidad!

“La canción del noctámbulo” Así habló Zaratustra.

El Atlético dice sí al mundo como un fenómeno estético. Se regocija – ¿en parte? – en la destrucción y el sufrimiento que produce, incluyendo el suyo propio. El sufrimiento no como virtud. No como pupismo, sino como parte necesaria, ineludible: “No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada”. Punto.

El sábado volvimos a asomarnos a ese abismo tan nuestro. Esa cesta enmarañada de impotencia y exaltación de lo trágico. A la mañana siguiente, miles de niños no podían resistir el impulso de ponerse la camiseta de su equipo. Son jóvenes, pero la transmisión de lo sentimental siempre viaja más rápido. Siempre empapa antes. Y sin entenderlo, – intuición-  lo entienden: han aceptado su amor fati. Nietzsche, probablemente, diría que han transformado todo “fue” en un “así lo quise”. En efecto, pronto sabrán que, al dar un rotundo a un instante de nuestra vida – Ese momento especial. Ese Hamburgo. Esa media hora del 19 de mayo en Barcelona – se tiene que decir igualmente sí a todos los instantes previos, a la totalidad de nuestra vida. Eterno retorno.

Ser del Atleti es enfrentar el abismo, saber que está ahí porque se ha estado. Porque se ha vivido. Sí, esa, jodida sensación. Ese balanceo. El madridista no ha sentido el escalofrío.

Nunca ha tenido que asomarse.

¿Tienen algo que objetar?



10 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Fútbol, Filosofía, Opinión

De vagabundos, viajes infinitos y otras tribulaciones…

Después de varios días sumergida entre capítulos y capítulos de “Californacation”, una serie de la cadena HBO, la sensaciòn angustiosa de vacio, con la que he aprendido a convivir, se incrementa sin tener claro el porqué.

Las cuitas metafísicas buscando la explicación, el sentido, al ser, quizá son erróneas. Somos azar. Casualidad. Causalidad. Nunca motivo primigenio.

Queremos trascender, llegar más allá, hallar la manera de perdurar. Nos asusta lo efímero. Nos aterra el silencio.

Llenamos nuestras vidas de múltiples quehaceres diarios para, principalmente, no recordar. Los fantasmas nos persiguen, a cada uno el suyo. Nos hablan de soledad, de muerte, de frustración, de pérdida, de quiénes fuimos y en quiénes nos convertiremos…

Nietzsche afirmaba que la Naturaleza era una lucha de fuerzas, una voluntad de poder que pugna por imponerse. El hombre es naturaleza, una especie concreta en un momento concreto, que habrá, con el tiempo, de ser superada. La castración de las pulsiones nos ha acercado al abismo en el que nos encontramos. Hemos dejado de ser naturales para convertirnos en humanos, y entonces, la lucha, en lugar de ser contra otros, en un movimiento cíclico, lúdico, y casi hermoso,  se ha convertido en una aniquilación cruel del individuo con respecto a sí mismo.

Alguien, en algún punto de hace miles de años, equivocó el camino.

Y nosotros, vagamos, desde entonces,  sin rumbo.

11 comentarios

Archivado bajo Filosofía, Opinión

Principio de Incertidumbre.

Heisenberg enunció esta teoría en 1927. El principio de incertidumbre, o relación de indeterminación, establece, básicamente, que no puede determinarse con total precisión y de forma simultánea, la posición y el momento lineal (velocidad) de una partícula, pues para “ver” la posición de ésta hay que aplicarle, por ejemplo, un fotón de luz, que modifica su posición y velocidad, lo que imposibilita hacer, en ningún caso, una medida exacta y fiable (carente de error).

Pero, ¿podemos extrapolar este principio a otras formas o ramas del conocimiento?,  cualquier cosa observable  lo es porque se aplican sobre ella los modos de observación que requiere, ¿modifican por ende lo observado?

¿Vivimos en un universo de probabilidades aleatorias? ¿Podríamos rebatir a Einstein y afirmar que Dios sí juega a los dados?

Reflexionen y opinen.

22 comentarios

Archivado bajo Ciencia, Filosofía, Opinión