Aysa la rana.

Existió, hace muchísimos años, una rana real que no pudo jamás convertirse en príncipe.

No encontró quien le diera ese beso que lo hiciera posible.

Aysa, que así se llamaba este anfibio, atendía primorosamente su charca. Y dedicaba a su madre, una bella anciana postrada en una hoja de bromelia, excelentes cuidados. Cazar moscas para dar de comer a quien le dio la vida, no suponía para él ninguna carga. Se divertía buscando los mejores ejemplares para agasajar a su progenitora a cambio tan solo de una caricia.

Aysa tenía amigos, pocos para la vida social que acostumbra a tener una rana. Pero las obligaciones familiares apenas le dejaban una tarde libre a la semana. Sus amigos, que estaban ya llegando a esa edad en la que los anfibios deciden asentar las ancas, se emparejaban, y, de una manera inconsciente, se alejaban.

Desde que tenía uso de razón, él suspiraba por Kyna, un ejemplar adorable, de expresivos ojos, y una piel tan verde, suave, y cálida, que era la envidia de toda la comarca.

Pero era consciente de que poco podía ofrecerle, su vida no era fácil, no había sido un renacuajo de “estanque bien”, sin más preocupación que recorrer el mundo de charca en charca, ni tuvo un padre que pudiera satisfacer las necesidades más básicas de una casa. Por eso quizá nunca se atrevió a decirle nada, y se conformó con ver cómo esa adorable ranita, se iba convirtiendo en la mejor de las ranas.

Así iba pasando la vida de Aysa, entre historias que cada día le contaba su madre, nunca supo de dónde las sacaba, ni cómo podía ser que nunca fueran repetidas, y los quehaceres domésticos que no imaginamos el tiempo que requieren hasta que nos vemos obligados a realizarlos.

Llegó el invierno, un invierno que comenzó tan brusco, que los hechiceros anuros predijeron grandes catástrofes, y el cielo, día tras día, se llenó de lágrimas.

Aysa estaba asustado, sabía que los hechiceros pocas veces se equivocaban, y no tardó ni una luna  en darse cuenta de su desgracia; su madre, de repente, dejó de contar historias, y permanecía callada, con una triste mirada que se perdía mucho más allá de la charca.

Dejó pronto de querer comer lo que con tanto amor su hijo le preparaba, y una mañana, lo miró fijamente, sonrió, cerró los ojos, y dejó que la muerte se la llevara.

No hubo un gran funeral, ni fueron muchas las ranas  que se acercaron a despedir a la anciana dama.

Aysa conoció, a partir de ese momento, qué significaba soledad, y entregar tu vida, en lugar de vivirla como se te antojara.

Pero supo, que si bien nunca podría convertirse ya en príncipe, sí había sido una buena rana. Y que la mirada última de su madre, no había riqueza en el mundo que la pagara.

Ese recuerdo le hizo feliz hasta el final de sus días.

MORALEJA:

El amor, la felicidad, y la plenitud personal no tienen sólo un camino.

¿Están de acuerdo?

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Danzad, malditos.

Hoy, en el trayecto de casa al trabajo, he tropezado con mi amigo Pau, culé de pro, que antes de darme los dos besos de rigor, ya estaba sonriendo: “Canguelo” me ha susurrado mientras me besaba.

¿Quién dijo miedo? El Madrid, por sus méritos, y deméritos ajenos, logró un cómodo colchón de 10 puntos, colchón que procura, principalmente, tranquilidad en caso de, como ha sucedido en estas dos últimas jornadas, la pérdida de 4 puntos en lo que viene a ser un suspiro.

Un toque de atención para el equipo, que lleva, aproximadamente mes y medio, con un bajón en su nivel de juego a tener en cuenta, por quienes tengan que tenerlo en cuenta, preparadores físicos, entrenador… que tomen nota, y procuren ponerle remedio.

No sé hasta dónde entrar en el tema arbitral, Paradas Romero me da pereza, pereza inmensa, y no porque tuviera que ver en el resultado, que no lo tuvo, sino por su pitido casi continuo, por su afán de mostrar más tarjetas que Iturralde (¿aspiran al silbato de oro?), y expulsar, en algún caso, siguiendo Dios sabe qué código “deontológico” personal…

Pero si quiero llegar, y hasta la cocina, a ser posible, a las críticas desmedidas, interesadas, y abyectas, que hacia el Madrid se han vertido por su negativa a comparecer, ninguno de sus representantes, en rueda de prensa.

En la liga BBVA, la comparecencia antes o después de un partido es opcional, no están obligados, como pudiera suceder en Inglaterra, por lo que el equipo blanco no ha infringido ninguna norma.

Acusan entonces, ya que por el punto anterior el camino es corto, de que la institución, como tal, ha faltado el respeto a los aficionados por privarles de la opinón del club sobre todo lo sucedido en el campo, y las novedades que pudieran darse para el partido de este sábado.

Y quienes más hablan, como siempre, son aquellos que más tienen que callar. La prensa deportiva.

Esa prensa deportiva, que calló, como buena puta, cuando el F.C Barcelona (mejor o peor hecho, en eso no quiero entrar) vetó la entrada a sus instalaciones a Intereconomía, un medio menor.

Esa prensa deportiva, que conecta en directo con las ruedas de prensa y que, según quién hable en ellas, respetan y dejan que se escuche, o bajan el volumen, y son ellos los que que se erigen protagonistas con su opinión, ahí, el respeto al aficionado, a su derecho a conocer qué opina el club, no importa. Porque el programa lo hacen ellos, y son ellos los que deciden qué es lo que se debe o no mostrar.

Esa prensa deportiva que hace plantes a segundos entrenadores, porque quieren su ración de bufonadas del actor principal, porque es el actor principal el que llena sus portadas, ya sea por sus palabras, o por la falta de éstas, que bien se encargan ellos de machacar al portugués, cuando éste no ha proporcionado carnaza, y lo que el aficionado sienta, o necesite, les importa poco, nada, o lo siguiente.

Esa prensa deportiva, que se emborracha de poder, y se ahoga, no en la miseria ajena, sino en la suya propia.

No sé si la decisión que ha tomado la institución merengue de no comparecer es correcta o no, pero sí sé quién no tiene ninguna autoridad, de ningún tipo, para hablar por mí, o decirme qué debo pensar.

Esta liga sólo la puede ganar, o perder el Real Madrid, y eso, para mí es lo importante. Volvemos a ser el club de referencia. Moleste, duela, o joda.

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Carta al amor que no tuve.

Querido amor que no tuve;

Son muchos los años persiguiéndote, no tantas las veces que he creído reconocerte en los rostros que han compartido mi cama, mi casa, mi vida…

La búsqueda no siempre ha sido grata, he dejado en el camino océanos de lágrimas, mías, de otros (no recuerdo ya), de esas, que por muy soleado que sea el día, no son fáciles de evaporar.

He crecido creyendo en ti, alimentando el ansia de aquello que sabes llegará, pero no tienes idea cuándo.

He leído a Byron, a Milton, a Bécquer, a Goethe, hasta hacer mías cada una de sus palabras, he visto cómo miraba mi abuelo a mi abuela y me decía, así, así miraré yo algún día.

Y no es que desespere, es que son ya demasiados mis años, y una se vuelve escéptica, y cínica, y quiere descansar, descanso definitivo del guerrero que dejó de luchar.

No morir de amor, no arder en la intensidad de lo sentido, no enloquecer al tacto, sólo conversasr, pasear, hacer planes, coger de la mano y sonreir.

Eso es lo que queda, que no es más que lo que casi siempre he tenido.

No todos sabemos amar.

No todos sabemos ser amados.

Aceptarlo es, a veces, nuestra más difícil tarea.

Así que amor que nunca tuve, donde estés quédate, ya no vengas, te deseo todo el bien, toda la paz, y toda la felicidad que, por existir,  mereces tener.

Siempre tuya:

Alejandra.

Feliz día de San Valentín a todos lo que han conseguido aquello por lo que lucharon.

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Palos para todos.

Nos quejamos del sistema viciado que envuelve la democracia de éste, por suerte o desgracia, nuestro país. Nos indignamos con los casos de corrupción, que con cuentagotas, y supongo de manera interesada, van descubriendo jueces “avispados”,  protestamos (más de manera simbólica) por el expolio al que nos someten los que ostentan poderosos cargos (políticos, banqueros, grandes empresarios), pero… ¿Acaso los políticos, los banqueros, los empresarios, no son a semejanza nuestra?

Me gustaría saber cuántos de ustedes, pequeños y medianos empresarios, han declarado menos ventas en un trimestre, para que el IVA no “se les subiera”.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, pequeños y medianos empresarios, han tenido a gente sin nomina en su trabajo.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, pequeños y medianos empresarios, han pagado en B parte de los salarios de sus empleados.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, empleados, se han escaqueado algún día de ir al trabajo, o han prolongado una baja, sabiendo que ya estaban sanos.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, empleados, rinden lo que les exige el contrato.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, han comprado un piso, y declarado su valor real a efectos impositivos.

Me gustaría saber cuántos de ustedes, no se han colado en el metro, o no han pasado el ticket en el transporte urbano.

Me gustaría saber cuántos de ustedes protestan, si en un establecimiento se equivocan de más en las vueltas.

Me gustaría saber cuántos de ustedes saben o conocen, de algo ilegal en su entorno, y callan haciendo la vista gorda.

Tenemos en las grandes esferas, lo que casi todos son (somos) en las pequeñas. Aprovechados, desconsiderados, pícaros y sinvergüenzas.

Hay excepciones, seguro, y muchas, ¿pero mayoría?

De una sociedad que no es honesta, no se puede esperar una clase política modélica.

Y de no ser honestos, la culpa es únicamente nuestra.

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La paradoja de Protágoras.

Una de las más antiguas paradojas es la del filósofo sofista Protágoras, quien aceptó a un estudiante sin recursos pero talentoso, (Evatlo), para enseñarle, cobrándole  los honorarios únicamente cuando ganara su primer caso ante los Tribunales. Al acabar sus estudios, Evatlo, no tomó ningún caso legal y Protágoras demandó al estudiante para reclamarle la suma acordada. He aquí los argumentos que ambos alegaron ante el tribunal:

Evatlo: Si yo gano el caso, entonces, por definición, no tengo que pagar. Si pierdo, entonces no habré ganado mi primer caso, y yo no habré contraído la obligación de pagar a Protágoras si no es hasta haber ganado mi primer caso. Así pues, gane o pierda, no tengo que pagar.

Protágoras: Si él pierde el caso, entonces, por definición, tiene que pagarme. Si lo gana, entonces habrá ganado su primer caso, y por tanto tiene que pagarme. En uno u otro caso, tiene que pagarme.

¿Quién tiene razón? ¿Por qué?

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Adiós, Megaupload, adiós…

“Conmocionada” aún por el cierre de Megaupload, y detención de sus dirigentes, y vistas las diferentes opiniones que circulan por la red, quiero explicar por qué tengo una suscripción premium a Megavideo (dinero tirado por obra y gracia del FBI, que no me veo yo reclamando, ni buscando cómo o cuándo lo pagué para denunciar mi “pérdida”).

Soy una ávida consumidora de material audiovisual, sin exagerar (o quizá sí, pues he echado el cálculo a ojo) consumo  entre 15 y 40 películas al mes, cantidad que puede verse doblada, o inclusio triplicada si de capítulos de series hablamos.

¿No voy al cine? No demasiado. ¿Por qué?:

1. Económicamente me resultaría obsceno gastar 300€ cada mes en entradas, y tal como está la economía es un gasto que ni me plantearía cubrir.

2. Pragmatismo puro. Salgo de trabajar tarde, no tengo ganas de llegar a casa, bajar al garaje, coger el coche, e irme a la sala de turno donde programen algo que me interese ver.

3. Me gusta el buen cine, o el que yo considero buen cine, no quiero pecar de snob. ¿Sabéis lo que es ver la última de Von Trier (o de quien sea), con diez capullos detrás, que sólo han entrado a verla porque les ha llamado la atención el título, comiendo palomitas y diciento: “joder tío, qué puta mierda de película”, mientras conversan de sus cosas?

No soy amante de las descargas, del P2p, no me gusta saturar mi ordenador con archivos que no sé si consumiré, ni cuándo. Tampoco tiro demasiado de estrenos,  no quiero oir toser, ni comprobar el pulso, o el acierto que tuvo al colocar la cámara, el tipo que grabó la proyección.

Pago una cantidad al trimestre (no creo en lo gratis por lo gratis, no me parece ético, ni respetuoso para con la gente en peor situación económica que la mía) y veo, online, lo que quiero, de la manera en la que me apetece y cuando lo decido.

¿Tan lucrativo es Megavideo? ¿Tanto dinero hace perder a las grandes compañías de material audiovisual? entonces, me pregunto… ¿Por qué no han montado ellas el negocio? ¿Por qué Megavideo no pertenece a una cooperativa de productoras? ¿Por qué no adaptar su sistema de negocio de una manera práctica y realista? ¿Quizá porque los beneficios por “operación” disminuyen, y los que son multimillonarios no quieren perder ni un ápice de su “poder adquisitivo”? ¿Quizá porque habría que repartir el pastel de otra manera?

Sí pienso que probablemente Megaupload debiera pagar un canon por sus beneficios, o las compañías telefónicas, que son las principales beneficiadas, y más en España, con los costes de las líneas ADSL, pero NO me parece razonable que cierren un servicio que vulnera unos derechos que existen desde hace relativamente poco, y sobre los que hay una ley ambigua, y que queda al libre albedrío de los que ostentan el poder, y no sólo de manera gubernamental.

No creo que deba pagar yo por los errores que están comentiendo otros.

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Barça: El Titanic

#Segúnmecuentan, los ánimos en el Barça están calentitos, olla a presión, que no revienta por los buenos resultados que el club está teniendo en las últimas temporadas.

#Medicen fuentes cercanas a la institución, que el malestar no sólo reina en el vestuario. Presidente y entrenador se soportan a malas penas en público, y no disimulan, en privado.

Entre los jugadores corre la pólvora… El trato, discriminado, y sin reservas, que se le está otorgando a Messi, ojito derecho e izquierdo de Pep, tiene encendidos los egos del resto de jugadores, que callan, porque quien gana, prima que traga.

#Serumorea que en pequeños círculos, el clan “español” (Xavi, Valdés, Puyol, Piqué, Iniesta, Villa) del equipo, suelta más improperios, que pulsaciones regala el Red Bull. Hartos del “enano”, como le apodan en petit comité.

No hay ciclo que 100 años dure, y éste, en su final, arrastrará más de lo que dejará.

Afirma la sabiduría popular, que las ratas son las primeras en abandonar el barco, y Pep desde luego, no será , con su “amor a los colores”, el último en irse a otro lado.

Hagan sus apuestas. El circo, en X años, estará servido.

¿Qué creen ustedes?

P.S
Mis fuentes no existen en realidad, como no existen las de muchos otros. Yo lo reconozco. Es un texto inventado, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia… ¿O no?
Dedicado a tantos y tantos divos del periodismo futbolero, que inundan las portadas de los principales periódicos deportivos,  especialmente a Diego Torres Romano, a mi parecer, gran opinador, que no informador, del diario El País.

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